18 d’abr. 2010

L'ÈXIT DEL CAPITALISME EN CATÒLICS I LUTERANS



Andrés H. de Sá, VALÈNCIA (Levante, emv).

Durante más de un siglo, pensadores y teóricos han dado por buena la idea de que el concepto religioso de los protestantes, y de los calvinistas más en concreto, había sido clave en el éxito del capitalismo, frente al concepto católico. Así lo formuló en 1905 el sociólogo alemán Max Weber en su otra «La ética protestante y el espíritu de del capitalismo». En ese texto exponía la tesis de que el énfasis calvinista en el éxito terrenal llevó a los protestantes a un mayor desarrollo económico frente a los católicos, más centrados en la vida más allá de la muerte y que despreciaban, en teoría, la riqueza terrenal.

Y así se ha dado por sentado hasta nuestros días. Pero un investigador de la Universidad de Harvard, Davide Cantoni, ha publicado un completo estudio empírico que pone en cuestión esta tesis. Para llegar a sus conclusiones, ha investigado el crecimiento demográfico de 272 ciudades germanas entre los años 1300 y 1900, tanto protestantes como católicas. Como el profesor señala en el último número de la revista «Foreign Policy», los historiadores económicos han defendido durante mucho tiempo que dicho crecimiento demográfico es un indicador fiable de las condiciones económicas de una ciudad: sólo las urbes con una fuerza laboral productiva y buenas instituciones se expandían a lo largo del tiempo. «Pero, según mis investigaciones —afirma Cantoni— no hubo diferencia entre el crecimiento de las ciudades católicas y el de las protestantes durante los siglos que precedieron a la publicación del famoso libro de Weber». «La tan cacareada ética protestante del trabajo no parecía marcar ninguna diferencia», subraya rotundo el investigador de Harvard.


La relación entre las creencias religiosas y su impacto en el razonamiento moral y los comportamientos que implican, con el crecimiento económico ha sido objeto de numerosos estudios. Muchos investigadores, aparte de Weber, entre ellos Hegel, han atribuido el despegue de Inglaterra y los Países Bajos en los siglos XVII y XVIII a su fe protestante, frente al declive de las católicas España e Italia. La mayoría de esas teorías eran sociales y filosóficas, sin que ningún estudio empírico pudiera ratificarlas. El trabajo de Cantoni, tal como recoge ya en su primera página, viene a constatar que, en contra de lo aportado por estos pensadores sociales, los desarrollos de las ciudades y regiones católicas y protestantes en el período analizado «son virtualmente indistinguibles».

La teoría de Weber se fundamentó en la observación de que en el länder de Baden los protestantes ganaban más que los católicos y eran más propensos a acudir a las escuelas técnicas que a las de artes. Aunque los protestantes en Baden eran mayoritariamente luteranos, la hipótesis del sociólogo alemán se centraba en los calvinistas. Teorizó que el calvinismo, y las sectas puritanistas en especial, tuvieron éxito en inculcar la idea de que el trabajo y ganar dinero deberían considerarse como una vocación, un fin en si mismos. Y argumentó que esta actitud fue determinante en el desarrollo inicial del capitalismo moderno.


De hecho, otros estudiosos también coincidieron en que el calvinismo, emergente en una sociedad burguesa y urbana, fue particularmente favorable a las necesidades de los negocios. Sobre todo, destacaron el hecho de que Calvino permitiera los préstamos de dinero con intereses en cuestiones mercantiles, mientras la Iglesia Católica se reafirmó en la prohibición de la usura.

En el territorio germano analizado, el luteranismo era la rama protestante mayoritaria, frente al calvinismo. Y aunque su ética económica era más conservadora —por ejemplo, se oponía al cobro de intereses en los préstamos— su doctrina tuvo importantes consecuencias económicas: la abolición de las órdenes monásticas mendicantes, la reducción de las festividades religiosas y la amortización de las propiedades eclesiales proporcionaron trabajo y capital. Así, sería de esperar que el luteranismo hubiera incrementado la actividad económica.

A lo largo de los años, muchos estudiosos incidieron en diferentes aristas de la misma teoría: desde la mayor apertura de los protestantes a las relaciones comerciales, el impulso de las bolsas, la aceptación de los impuestos, la eficiencia gubernamental e incluso la alfabetización. Todos estos factores, en teoría, habrían contribuido a un mayor desarrollo económico de los núcleos protestantes sobre los católicos.


Cantoni analiza, incluso, la ubicación geográfica de las ciudades —las protestantes tendían más a estar hacia el norte y el este— o su proximidad a puertos marinos o rutas de comercio. También la influencia de la "Guerra de los 30 años". Y su conclusión es que tuvieron mayor incidencia que el hecho religioso. Tampoco tuvieron especial impacto las diferentes leyes que regulaban las herencia de las tierras entre protestantes o católicos. Asimismo, descarta la posible influencia de la presión fiscal en el crecimiento de las ciudades.



Opciones en el Sacro Imperio Romano

El investigador de Harvard formula a su vez dos alternativas sobre cómo y porqué las ciudades y Estados del Sacro Imperio Romano se inclinaban o no por adoptar el protestantismo. Por un lado, especula con que las ciudades o territorios más inclinados a la actividad comercial vieran un potencial de crecimiento en la nueva religión, por lo que su tendencia al desarrollo era anterior al impulso protestante. Por otro lado, estima que las ciudades con mayor potencial de crecimiento alrededor de 1500 escogieron permanecer en el catolicismo, porque pese a sus desventajas fiscales ofrecían una mayor estabilidad y menos riesgos.

Max Weber, en definitiva, propuso lo que podría ser la teoría más famosa sobre el impacto de la religión en el crecimiento económico. Pero a pesar de su fama, «esta teoría rara vez ha sido probada empíricamente de manera sistemática», afirma Davide en su trabajo. La evidencia que resulta de su investigación señala constantemente a la ausencia de cualquier diferencia en el largo plazo resultados de las regiones protestantes y católicas. A la luz de las diversas teorías que sugieren sobre que los protestantes deberían estar más dispuestos a la actividad económica, «este resultado es sorprendente».



Tres amplias categorías de hechos pueden explicar, en su opinión, la ausencia de resultados. La primera se refiere a los aspectos ideológicos. Muchas teorías sobre las ventajas de los protestantes, sobre todo la de Weber, se basan en un análisis de las doctrinas de los calvinistas o protestantes de sectas menores, como los puritanos, y no en las enseñanzas del luteranismo, la creencia mayoritaria en Alemania. Si bien Cantoni no ha encontrado diferencias sustanciales entre los territorios calvinistas, católicos o luteranos del Sacro Imperio Romano, no excluye que otros grupos de menor importancia religiosa tuvieran una ideología más propicia para el crecimiento económico. Probar esta última hipótesis, sin embargo, sería difícil, ya que es mucho más complicado encontrar fuentes fiables.

El segundo conjunto de razones se puede calificar como institucional. Si se considera la estructura institucional como el principal determinante del desarrollo económico de un territorio, Davide Cantoni afirma que hay razones para pensar que este último no era en general tan diferente en los Estados católicos y protestantes. Medido según los estándares modernos de la democracia y la seguridad de la propiedad privada, a todos los Estados alemanes no les fue bien hasta el siglo XIX.

El proceso histórico más interesante en el período considerado es la creación del Estado moderno territorial, a través de la abolición de los privilegios locales y la creación de un aparato burocrático centralizado. En este sentido, protestantes y católicos se beneficiaron por igual de la Reforma, según Cantoni. Los protestantes se favorecieron de la capacidad de unir a los poderes seculares y espirituales. Pero a través del desarrollo paralelo de la Contrarreforma, la Iglesia Católica dotó a sus gobernantes con poderes similares.


La importancia de la alfabetización

El investigador de Harvard esgrime una última línea de análisis. Las ciudades, con su variada población de artesanos, comerciantes, intelectuales y comerciantes, podrían haber sido igual de cosmopolitas, fueron igualmente proclives a las nuevas prácticas comerciales tanto si eran católicas como protestantes. Además, si se considera a la alfabetización como un ingrediente clave para el crecimiento económico, la escasa evidencia disponible en el período pre-industrial antes de 1800 sugiere que en un entorno urbano, las tasas de alfabetización eran relativamente altas para los estándares internacionales, incluso en ciudades católicas.

Si bien hay razones para esperar que los territorios protestantes hubieran sido económicamente más dinámicos durante los siglos pasados —debido a su ética de trabajo, su actitud ante las nuevas empresas, su fomento de la alfabetización...— el investigador afirma que no hay ningún efecto de las creencias religiosas como indicador de desarrollo económico, en función del crecimiento de las ciudades. «A pesar de sus diferentes puntos de vista sobre asuntos religiosos, protestantes y católicos no podrían haber sido tan diferentes en su comportamiento económico, después de todo» concluye Cantoni.
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