26 des. 2010

EL PERFIL RELIGIÓS DEL PRESIDENT ARTUR MAS (segons Enric Juliana)



Convergent, catòlic, cristià, protestant, calvinista... aromes de Montserrat o, sobre tot, aromes jansenians?

El perfil d'un president autonòmic català, hui per hui, sempre serà més complex que el d'un president valencià, no solament per la major pluralitat de l'arc parlamentari sinó perquè, a més, sempre ve avalat per la força d'un partit d'obediència catalana, és a dir, amb denominació d'origen autòctona i, per tant, aspirant al dret a decidir que no és altre que el d'aquella sobirania nacional que proclamaven les revolucions burgeses decimonòniques. Ara, però, Artur Mas s'ha de dedicar, en primer lloc, a redreçar l'economia, aplicant tot el saber i l'eficàcia de les teologies (te-ide-ologies) i les praxis que venen dels pobles del nord on, diuen, els ciutadans són més laboriosos i constants en la feina...
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Aromas de Jansenio

(Enric Juliana, La Vanguardia)

Francia: TGV, mercancías, Aigües de Barcelona, el Ródano, y un presidente timbrado en la escuela Aula. Mas es presentado como calvinista; no es verdad: el discurso del nuevo presidente es jansenista

Se ha escrito estos días, en distintos medios y desde diferentes ángulos, que la victoria de Artur Mas da un cierto toque protestante a la presidencia de la Generalitat de Catalunya. El calvinista Mas, se lee en los diarios.

Un rigorista de la escuela Aula de Barcelona, robustecido por la espera, templado por los cincuenta años ya cumplidos, con buenos apoyos en Iese y Esade, y, por consiguiente, capaz de anunciar sin ningún tipo de restricción mental que su gobierno será business friendly, llega al poder en un momento de extrema dificultad económica. Mas parece predestinado a tener que afrontar las cosas siempre cuesta arriba. Y la predestinación forma parte del mosaico teológico protestante.

¿Un calvinista en la Generalitat? He ahí un tópico interesante de rebatir. El estrangulamiento, a conciencia, de la cultura religiosa –uno de los pecados de nuestra época– provoca situaciones lamentables. Hay niños que al entrar en una iglesia, confunden al crucificado con un gimnasta en apuros. Joaquín Blume en un momento de aflicción. Y en las escrituras estamos adquiriendo la costumbre de agrupar a todos los serios y esforzados en la órbita de Juan Calvino, el más drástico de los teólogos de la Reforma. ¿Por qué no se habla en los diarios del luterano Mas? Martín Lutero fue el primero en rebelarse contra el tráfico de indulgencias en Roma. La doctrina de la justificación, pieza clave de la Reforma protestante – la salvación sólo viene dada por la fe, por la actitud, no por la transacción– fue elaborada por Lutero. Calvino la radicalizó en Ginebra. El luteranismo se expandió por el área germánica y puso en jaque al imperio español en Flandes y Holanda. De la mano de John Knox, el calvinismo saltó a Escocia, alumbró la iglesia presbiteriana, cruzó el Atlántico y aportó el acento puritano a la fundación de los Estados Unidos de América. La hegemonía cultural norteamericana nos los ha devuelto en forma de estereotipo.

Así es como Mas ha sido catalogado de calvinista. Sus reiteradas apelaciones al esfuerzo y al trabajo para hacer frente a la crisis; su discurso metódico, sin apenas metáforas; el tono severo y, en ocasiones, rígido; su fuerte apego al principio de autoridad (muy explícito cuando en el Parlament se refirió a la Policía de Catalunya, dejando en segundo término el apelativo Mossos d'Esquadra); la franqueza con la que se proclama amigo del negocio económico, y esa reiterada distinción entre voluntad de servicio y vocación mesiánica (“vengo a servir al país, no a salvarlo”), con el indisimulado propósito de tomar distancia de los impulsos mosaicos de Jordi Pujol, efectivamente sitúan al nuevo presidente de la Generalitat en el cuadro de un cierto rigorismo. Un protestantismo laico, sin embargo, puesto que Mas no hizo ninguna referencia explícita a la religión en su discurso de investidura. Un calvinista singular, sobre todo si tenemos en cuenta que la ciudad de Ginebra –patria de Calvino–, fue convertida en 1536 en una feroz república teocrática.

Estamos, en realidad, ante un jansenista. Mas está reintroduciendo el jansenismo en el discurso político catalán, sin que ese fermento de los siglos XVII y XVIII haya llegado nunca a desaparecer de la mentalidad catalana moderna.

El jansenismo fue la órbita de aproximación del catolicismo francés al protestantismo, sin romper con Roma. Debe su nombre a Cornelius Jansen (1585-1638), obispo de origen holandés formado en Lovaina y París que se enfrentó duramente a los jesuitas, grandes capitanes de la Contrarreforma. Jansen no quería perseguir a los luteranos con furia española, sino demostrarles que el catolicismo era capaz de interpretar la Biblia con tanta piedad y misticismo como ellos, con la ayuda de los textos de san Agustín. El jansenismo emparentó en Francia con el galicanismo –el intento de construir una iglesia nacional francesa durante el reinado de Luis XIVy generó una corriente de rigorismo moral que penetró en Catalunya y, en menor medida, en Valencia (el eje mediterráneo siempre en funcionamiento), durante los albores de la industrialización, mientras el país se amoldaba al centralismo borbónico. Podríamos decir que actuó de mecanismo de resistencia cultural, impregnando al catolicismo catalán de un cierto espíritu antibarroco, que aún perdura. El jansenismo creó en Catalunya una emulsión, un clima, una actitud, de la que no andaba muy lejos la figura señera de Jaume Balmes, brillantemente explicada en términos contemporáneos por el historiador Josep María Fradera y glosada por Valentí Puig como “héroe balzaquiano” (A los treinta años, Balmes se fue a Madrid, Fundó un diario y se propuso reconducir España mediante la reconciliación de liberales y carlistas. Murió en el intento).

Formado en el Liceo Francés y en la Escuela Aula (derivada del anterior), Artur Mas ha obtenido la investidura con un discurso de ecos jansenistas. Nada de Calvino. Rigorismo francés de raíz católica. Son tantas las cosas que nos vienen de Francia –el TGV, el renovado tráfico de mercancías con el puerto de Barcelona, la reciente compra de Aigües de Barcelona por Suez, la hipótesis del trasvase del Ródano, que CiU reactivará más temprano que tarde; la consolidación del bachillerato francés en el currículo escolar catalán...– que su sola enumeración dibuja hacia dónde va Catalunya. Sí, aromas de Jansenio.

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