22 ag. 2010

EL CARLISME AL PAÍS VALENCIÀ


Algunes ciutats mediterrànies, com ara Vila-real, encara conserven el patrimoni arquitectònic del Partit Carlí amb un edifici projectat per l'arquitecte Luis Ros de Ursinos (1933) com a testimoni de l'auge d'aquest moviment, sobre tot durant el primer terç del segle XX, és a dir, abans que el franquisme s'inventara allò del Movimiento amb la fusió freda (és a dir, en un pack del tres per un) de Falange, JONS i Comunió Tradicionalista.

Habitualment, els llibres de text -tant de Secundària com els de Batxillerat-, es limiten a presentar els carlins o carlistes com els roïns de la pel·lícula, és a dir, els reaccionaris partidaris de Carles Maria Isidre (germà del rei) davant els moderns o liberals a la mort de Ferran VII, els colpistes seguidors del general Mola en la sublevació militar de 1936 o, als darrers anys del franquisme i l'inici de la transició democràtica, els rojos socialistes, federalistes i, fins i tot, separatistes que armaven gresca a Montejurra...

De tota manera, a banda de la complexitat del fenomen carlí arreu de l'Estat, així com les diferents sensibilitats i divisions dins del mateix moviment, sempre quedarà per als estudiosos l'anàlisi de la seua implantació, sobre tot, al País Basc, Navarra, Catalunya, Aragó i el País Valencià, és a dir, territoris no-castellans on l'auge del regionalisme, l'autonomisme, el nacionalisme i, fins i tot, l'independentisme han tingut, fins el dia d'avui, evolucions diverses. Molts ideòlegs dels anomenats nacionalismes perifèrics són fills biològics de carlins, com ara el mateix Joan Fuster (Sueca, 1922 - 1992) sense anar més lluny.

A més, sense oblidar el component catòlic i foralista que és a l'arrel dels principals moviments regionalistes decimonònics, les desamortitzacions liberals són l'origen econòmic d'un descontentament general entre la població camperola que veu créixer econòmicament els isabelins centralistes i els liberals de conveniència, mentre la descapitalització progressiva de les classes més humils els porta a una llarga lluita durant, pràcticament, tot el segle XIX. També hi ha llauradors i eclesiàstics rics que recolzen el carlisme, evidentment, per això, a banda de la història, sempre podem tirar mà de la literatura per aspirar, mínimament, a entendre aquest episodi de la Història d'Espanya tan poc explicat: jo us recomanaria la novel·la d'un amic, La creu de Cabrera de Joan Andrés Sorribes on narra amb el magisteri d'un docent que, a més, és historiador, la dualitat entre cristins i carlins, és a dir, entre el món rural i urbà, entre els escenaris més propers i perifèrics i els més llunyans o centrals, en definitiva, la dualitat de la història, sempre entre la realitat objectiva i la manipulació política que, aquesta vegada, potser supera amb èxit el filtre de la ficció literària... De res, Andrés!



Historia de un partido:
LA ÚLTIMA BATALLA DEL CARLISMO VALENCIANO


La Comunitat Valenciana ha sido uno de los viveros carlistas más importantes de España. Hoy, los dos partidos que se proclaman herederos de esta ideología, el Partido Carlista y la Comunión Tradicionalista, viven un lento declive con apenas 300 miembros

Rafael Montaner, València (Levante-emv)

El pasado miércoles falleció en Barcelona, a los 80 años, Carlos Hugo de Borbón-Parma. La muerte del hasta ahora jefe de la dinastía que los carlistas consideran como la legítima heredera de la Corona española ha situado en la primera línea de la actualidad al carlismo, un partido que con casi 177 años de historia se presenta como el más antiguo de España.

La Comunitat Valenciana, principalmente Castelló y Valencia, ha sido uno de los viveros carlistas más importante después del País Vasco y Navarra. Sin embargo, los dos partidos que se presentan como herederos de esta ideología, el Partit Carlista del País Valencia (PCV) y la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC), apenas aglutinan actualmente a unos 300 miembros, la mayoría de ellos mayores de 60 años.

La escisión arrancó en los últimos años del franquismo, cuando Carlos Hugo quiso modernizar el ideario carlista impulsando el socialismo autogestionario y el federalismo. Aquello le enfrentó a su hermano Sixto Enrique, que ahora tiene 71 años. A su alrededor se aglutinaron los defensores del tradicionalismo carlista que aún mantienen vivo el histórico «¡Dios, Patria, Fueros y Rey!».

El punto sin retorno llegó el 9 de mayo de 1976 con los sangrientos enfrentamientos de Montejurra, en los que murieron dos seguidores de Carlos Hugo por disparos hechos por partidarios de su hermano, que tomaron el santuario carlista al grito de «¡Rojos, no!».

La renovación impulsada por Carlos Hugo arrastró a muchos jóvenes carlistas, uno de ellos el castellonense Santiago Albiol, quien a sus 59 años es uno de los dirigentes del PCV. Otros, como Jesús Blasco, desde el pasado marzo presidente regional de la CTC del Reino de Valencia, optaron por el tradicionalismo: «yo tenía 22 años y no podía entender que me quisieran dar clases de marxismo».

Blasco explica que en estos momentos la CTC cuenta con entre 200 y 300 miembros censados, agrupados básicamente entorno a los círculos católicos y culturales San Miguel de Llíria y Aparisi Guijarro de Valencia. Muchos de ellos superan los 60 años del actual líder tradicionalista: «Gente de mi edad hay muy poca, porque nos pilló el "tinglado" de don Carlos en la veintena, y aquello abrió una crisis generacional». Blasco, que apunta que la media de edad supera los 50 años, añade que también hay jóvenes en la CTC valenciana, «pero pocos».

Ambas formaciones carlistas viven de espaldas una a otra desde los hechos de Montejurra. Un suceso que, pese a las grandes diferencias que les separan, ambos partidos catalogan como «una trampa» del franquismo. «Aquello lo hizo el propio régimen para darle un golpe de mano al partido carlista, que siempre le molestó por poner el dedo en la llaga», apunta Albiol. «El régimen, que aunque tenía suficiente policía en Montejurra para evitar el enfrentamiento ordenó que no interviniera, aprovechó aquello para desacreditar al carlismo e impedir que nos presentáramos a las primeras elecciones», recalca Blasco.



Una carlista en «Els 10 d´Alaquàs»
«Legalizaron al Partido Comunista antes que a los carlistas, nos tenían miedo», relata Albiol. Aún así el PCV tuvo mucha presencia en la Transición valenciana al grito de «Volem l´Estatut!» . Con su líder, Laura Pastor, formó parte de la Taula Democrática del País Valencià, la primera plataforma unitaria de fuerzas antifranquistas que se forjó en agosto de 1973. De hecho, como destaca el historiador castellonense Josep Miralles, Pastor, sería la única mujer entre «Els 10 d´Alaquàs», la comisión de la Taula Democrática detenida el 24 de junio de 1975 en este municipio de l´Horta por la Brigada Político-Social franquista cuando se había reunido para redactar el primer proyecto de Estatuto valenciano.

Albiolrelata que, pese a la ilegalización, consiguieron presentarse a las primeras elecciones como Electors Carlins del País Valencià. «Lo pagamos todo de nuestro bolsillo y no sólo nos obligaron a recoger cientos de firmas para legalizar la candidatura, sino que nos hicieron ir a la Junta Electoral con el DNI original de todos los que nos habían apoyado». El esfuerzo fue en vano. En 1977 sacaron 2.552 votos, apenas el 0,12% del total. En 1979, ya como Partido Carlista plenamente legalizado, reunieron 4.529 votos (0,24%) en la C. Valenciana. En las últimas elecciones que concurrieron, las Europeas de 2004, sólo se contaron 170 papeletas del Partido Carlista.

El declive del PCV se nota también en el número de militantes. Ahora cuenta con unos 50, «de los que sólo el 10 o el 15% tienen menos de 30 años, el resto son gente como yo o más mayores», lamenta Albiol. «Los jóvenes están escaldados con la política, que ven que es una merienda de negros, y encauzan sus inquietudes hacia las ONG. Ante la pregunta de si le ve futuro al carlismo, Albiol responde: «Si como futuro entendemos ganar elecciones u obtener representación parlamentaria, no. La raíz del carlismo es ayudar a solucionar los problemas de la sociedad, y creemos que eso lo podemos conseguir luchando por el socialismo autogestionario y el federalismo».

A la CTC, que también jugó un protagonismo destacado en la «Batalla de Valencia» durante la Transición entre los contrarios a la unidad lingüística, no le ha ido mucho mejor electoralmente. En las elecciones Europeas de 1994 obtuvieron 739 votos en las tres provincias valencianas (0,04%), 305 más que el Partido Carlista, pero en las Generales de 2008 sólo sacaron 70.


«Carlismo no es fascismo»
Pese a este retroceso, Blasco reivindica «más que nunca los valores carlistas». «El carlismo, no es fascismo ni extrema derecha, nosotros también perdimos la Guerra Civil, pues no luchamos para instaurar la dictadura de Franco», aclara. «El carlismo es básicamente católico, ya que defendemos la justicia social y los valores cristianos», añade. Y, ¿tiene futuro el carlismo valenciano para el líder de la CTC? «Debe tenerlo, porque lo que falla ahora son los valores, y los carlistas apostamos por los grandes valores de la cultura cristiana, por ello luchamos contra el aborto», recalca.

Blasco explica que su objetivo al frente de la CTC es hacer más visible el carlismo en la sociedad valenciana. Así quiere organizar, entre otros actos, un homenaje anual al general Cabrera en Morella y recuperar la tradicional concentración que dejaron de hacer en los años 90 junto a la ermita del Crist de Bocairent. Allí, en este «Montejurra» regional, cada marzo se citaban los carlistas valencianos al pie de la cruz que recuerda a los 62 caídos en la Batalla de Camorra que el 22 de diciembre de 1873 puso fin la III Guerra Carlista.

Unos y otros, carlistas todos, tras muchas guerras perdidas, se resignan a pasar al olvido, por lo que afrontan con ganas esta quizás última batalla. «Esa es la idiosincrasia del carlista, siempre nos han pegado por todos los lados, pero logramos salir adelante. Siempre hemos sido valientes», concluye Albiol.


Disputas entre «reyes» sin reino
La cuestión dinástica abierta en los Borbón-Parma tras la muerte de Carlos Hugo, que antes de fallecer designo a su hijo Carlos Javier como «Jefe de la Dinastía», y su hermano, Sixto Enrique, que se presenta como «regente», no preocupa al Partido Carlista. «Desde 1977 abogamos por la república, que es la mejor forma de democracia», apunta Santiago Albiol. Mientras, en la Comunión Tradicionalista, apoyan a Sixto Enrique, que no tiene descendientes. ¿Qué pasara si no hay acuerdo entre las dos ramas de los Borbón-Parma? «Carlos VII —el tercer pretendiente carlista fallecido en 1909— ya previó que si no había sucesor, el partido carlista sería quien defendería sus ideas. Estaríamos descabezados sin rey, pero eso no nos va a impedir luchar por nuestra ideología», dice Jesús Blasco.

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El cura que acabó en Tigre

El general Cabrera.
El carlismo ha dejado en tierras valencianas muchos nombres para la historia. Pero si hay alguno que sobresale entre el resto, ese es el general Cabrera. El Tigre del Maestrazgo llegó a dirigir un pequeño Estado con capital en Morella, desde donde controlaba todo el interior de la provincia de Castelló, parte de Teruel y el sur de Tarragona.

La muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, abrió una disputa por la sucesión que acabó en una guerra civil entre absolutistas y liberales. Los sectores privilegiados del régimen señorial que veían como la creciente burguesía amenazaba sus privilegios, la nobleza y la Iglesia, inauguraron el carlismo al respaldar a Carlos María Isidro, hermano del monarca. Éste se proclamó heredero del trono que el rey había legado a su hija de tres años, la futura Isabel II.

Estos defensores del antiguo régimen, cuyas filas nutrieron miles de campesinos empobrecidos a los que la privatización de los comunales había convertido en desposeídos, se alzaron en armas contra la regente y viuda de Fernando VII, la reina Maria Cristina, a la que apoyaban los liberales. Los pronunciamientos carlistas llegaron al entonces Reino de Valencia el 12 de noviembre, cuando en Morella se gritó por primera vez el «¡Viva Carlos V, rey legitimo de España!».

¿Pero que convirtió a Ramón Cabrera y Griñó, según el historiador Vicente Sanz, «un clérigo tortosino poco aplicado y algo pendenciero», en la personificación del carlismo valenciano? Este investigador cuenta en «La Gran Historia de la Comunitat Valenciana» publicada por Levante-EMV que Cabrera, nacido el 27 de diciembre de 1806 en Tortosa, iba para cura. Ingresó en el seminario de esa ciudad tarraconense en 1825 y recibió las órdenes menores en 1831, pero nunca fue ordenado sacerdote.

Del seminario a la trinchera
Tras la toma de Morella por los carlistas, Cabrera huyó de Tortosa para alistarse en las filas rebeldes. Sus conocimientos de seminarista le propiciaron un fulgurante ascenso, hasta el punto que en apenas dos años, tras la captura y fusilamiento de su predecesor por los isabelinos, fue ascendido a jefe de las tropas carlistas de Valencia y Aragón con 5.000 hombres a su mando.

Consciente de que las partidas carlistas estaban peor pertrechadas y preparadas que las tropas liberales, siempre rehuyó el combate a campo abierto, de ahí que su recurso a la táctica de la guerra de guerrillas en las montañosas castellonenses le valiera el sobrenombre del Tigre del Maestrazgo.



Matanza en Burjassot
Un felino que, sin embargo, no estuvo siempre agazapado pues la necesidad de conseguir recursos le obligó a realizar frecuentes incursiones en la rica Huerta de Valencia, llegando a las mismas puertas de la capital. Estas ofensivas tuvieron resultados sangrientos, como la ocupación en marzo de 1837 de Burjassot, donde Cabrera fusiló a 700 isabelinos. La espiral de violencia se llevó por delante incluso la vida de su madre, María Griñó, a quien los liberales ejecutaron en una operación de castigo contra el Tigre. Éste, en represalia, pasó por las armas a cuatro mujeres familiares de mandos isabelinos.

Cabrera se negó acatar el Convenio de Vergara, con el que en 1839 carlistas y liberales pusieron fin a la I Guerra Carlista, y siguió batallando por su cuenta. Pero los isabelinos concentraron sus fuerzas ante las murallas de la capital dels Ports, que caería en mayo de 1840. El Tigre, no obstante, no escondió sus uñas y mientras se batía en retirada al frente de sus 20 batallones por Cataluña intentó atrincherarse en Berga, pero acabó cruzando los Pirineos el 6 de julio de 1840.

En la II Guerra Carlista (1846-1849) volvería a la carga al atravesar la frontera en junio de 1848 al mando de 12.000 hombres. Cayó herido en la batalla de Amer, junto al río Ter, donde una bala lo dejó cojo para siempre. Derrotado por segunda vez, en abril de 1849, enfiló otra vez el camino del exilio para no volver jamás a reinar en el Maestrazgo.

De héroe a «rebelde del carlismo»
Tras la derrota en la II Guerra Carlista, el Tigre del Maestrazgo acabó refugiándose en Londres, donde fijó su residencia definitiva tras casarse en mayo de 1850 con una rica heredera británica. Cabrera nunca volvió a participar en insurrección alguna, de hecho se apartó del nuevo pretendiente carlista, Carlos VII, al rechazar su proyecto de sublevación que dio lugar a la III Guerra Carlista (1872- 1876), por lo que fue declarado «rebelde al carlismo». En el ocaso de su vida abrazó la Restauración y el ascenso al trono de Alfonso XII, quien una vez coronado lo premió manteniéndole sus títulos nobiliarios y grados militares. Cabrera falleció en su apacible residencia victoriana el 24 de mayo de 1877. Tenía 70 años.

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